miércoles, 13 de agosto de 2014

De mi gusto por el uso de los puntos suspensivos

La sensación que experimento al utilizar los puntos suspensivos es inigualable. En mis conversaciones por cualquier chat me es imposible dejar de emplearlos y, quizá, abuso de ellos. Por ahí se dice que "al buen entendedor, pocas palabras." Si esto es cierto, me parece que los puntos suspensivos expresan, precisamente, eso. Wittgenstein decía que de lo que no puede hablarse es mejor callar. Yo estoy de acuerdo con él. Por ello, quizá, abuso en mis escritos de los puntos suspensivos. No soy un parlanchín, tampoco un antisocial, pero sí un hombre de muchos silencios, y éstos silencios sólo he podido expresarlos en mis escritos mediante los puntos suspensivos. Ahora que lo pienso, creo que una clara prueba de que soy un hombre de silencios es mi ausencia de este blog por meses y meses.

Este párrafo lo publiqué hace años y lo retomé por dos motivos: 1) Gino, un amigo de la facultad, me comentó en ese entonces que no hiciera paréntisis tan largos entre una publicación y otra. Aunque no estoy seguro si leera esta nueva entrada, lo hago para que, en caso de que lo haga, vea que traté de seguir su recomendación. 2) Hace poco "regañé" a una amiga por su uso del punto y coma. Mi intención no era juzgarla o corregirla. En aquél momento no consideré que ella también podía tener un gusto inexplicable por el punto y coma, así como yo lo tengo por los puntos suspensivos. Pues bien, ahora trataré de ofrecer algunas razones extra para que vean porque me gusta este signo de puntuación.


Me gusta usar los puntos suspensivos porque expresan una pausa distinta de la pausa que indican el punto, la coma o el punto y coma. La pasua de los puntos suspensivos es transitoria y puede expresar duda, temor, vacilación o suspenso. ¡Sí, todo eso! ¿Será que los puntos suspensivos son más expresivos que yo y por eso prefiero utilizarlos a ellos? El uso que más me gusta es para dejar una idea incompleta y en suspenso. ¿A quién no le gusta hacerse el interesante en sus escritos? Según la RAE, se suelen utilizar para insinuar expresiones o palabras malsonantes o inconvenientes. Es decir, los puntos suspensivos son "educados" y políticamente correctos. Quizá el uso más extendido de los puntos suspensivos es para dar por entendido algo o simplemente para interrumpir un discurso.

No obstante, además de todas estas bondades, los puntos suspensivos no sólo indican una interrupción en el discurso, también se pueden utilizar con intención enfática o expresiva y alargar entonativamente un texto. Shakespeare sabía eso: "Ser... o no ser... Esa es la cuestión."

Mi pasado como editor me obliga a señalar también que los puntos suspensivos indican la supresión de una palabra o un fragmento en una cita textual.

Sin embargo, considero que el uso de los puntos suspensivos debe ser prudente. Así como hay gente que no conoce los signos de puntuación, también existen personas que abusan de ellos. Escribir es un arte difícil de adquirir e incluso de ejercitar. Creo que cada uno de los signos de puntuación tiene su dignidad y, por ello, merecen ser tratados con respeto. Sin embargo, yo encuentro especial debilidad por los tres puntos. Me identifico con ellos porque expresan mucho sin decir nada. Porque invitan a pensar al lector, porque lo obligan a imaginar y ser creativo. Porque no son sencillos de utilizar o aplicar. Porque son misteriosos, porque... no lo sé, simplemente puedo decir que me gustan por todo lo que he dicho arriba.



Letras, charlas, amistades...

Me han invitado a leer un blog. La autora tiene mucho qué decir y este esfuerzo desea transformarlo en un libro. Después de leer la primer entrada, noto en sus palabras ese deseo por expresar sus sentimientos, anécdotas personales y experiencias vitales. En algunas entradas hay mucha intensidad; una energía que desesperadamente busca una válvula de escape. En este ejercicio catártico percibo cómo la autora experimenta el mismo drama de todo escritor: la incapacidad expresar lo que vívida y profundamente piensa y siente. Pero me alegra ver que eso no es un obstáculo para que escriba.

En las últimas semanas he tenido la oportunidad de platicar y conocer un poco más a la autora. Soy un afortunado por haberla conocido y un privilegiado porque, a pesar de tener poco tiempo de tratarla, me ha compartido cosas que son muy personales. Aunque no puedo decir que la conozco, tan poco puedo decir que sea una extraña para mí. Ella es una mujer apasionada y enamorada de la vida a pesar de que ésta le ha puesto pruebas difíciles y dolorosas. Hace poco la vida le ha vuelto a poner una prueba más. Pero es una mujer fuerte. Sé que saldrá adelante porque esa es su esencia: lucha, empuje, carácter, dedicación. Quizá ella no es muy consciente de ello, pero eso es lo que irradia su ser. No tiene por qué ser diferente ahora.

Hace poco una amiga publicó lo siguiente en FB:

"Sé que cuando uno ve las cosas desde afuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen hondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa." - La Tregua, Mario Benedetti.

En estos días hablé con la autora y, tras leer esta cita de Benedetti, me quedé pensando si mis palabras fueron superficiales, si he tratado de minimizar un problema que no he entendido del todo. Pero me preocupa más haber sido injusto con ella. Ahora dudo si he sido suficientemente empático con ella. Simplemente no quiero que su ánimo decaiga. No me gusta ver a la gente triste y, sin embargo, tengo una extraña sensación... la lluvia (compañía y consuelo en tantas ocasiones) parece decirme que la autora sigue batallando y que está triste. Y que quizá llora. Sé que hay rabia, coraje, dudas, miedos y que trata de lidiar con todo eso de la mejor forma. Pero ojalá no quiera hacerlo sola.

He experimentado la soledad y sé lo complicado que es querer enfrentar los problemas solo (la mayoría de las veces es imposible). Por eso quiero ofrecerle mi amistad. Sé que la autora tiene mucha gente que la quiere y que la apoya. Pero a pesar de eso, quiero ofrecerme como una alternativa más. Quiero que sepa que, si lo necesita, estaré ahí para ella.
Sería pretencioso, vanidoso y torpe decir que puedo hacer la diferencia o que puedo ser mejor ayuda que cualquiera de sus amigos o familiares. Mi intención es simple y un poco egoísta. Lo que en verdad deseo es que la autora no sólo sea una conocida, sino mi amiga en todo el sentido de la palabra.


 

lunes, 17 de junio de 2013

Ser partícipe en la vida

Hoy recibí una tarea. Me pidieron participar en una investigación sobre el significado de: "ser partícipe en la vida". Cuando acepté la asignación pregunté por la extensión y la fecha de entrega. Obviamente se burlaron de mí. Esta investigación no me la pidió ninguna instancia académica (o al menos eso creo), sino una persona a la que quiero. Mucho. 

Por su puesto que me encuentro perdido. No sé por dónde empezar. Por si fuera poco, E. me ha pedido que el contenido sea concreto y claro. Aunque eso es un reto para cualquiera, lo es más para mí que soy filósofo y me gusta hablar. Trataré de hacer mi mejor esfuerzo.

Aunque parece obvio, empezaré recurriendo al significado mismo de las palabras. Según la Real Academia Española, partícipe significa: "que tiene parte en algo, o entra con otras a la parte en la distribución de ello." Dicho en otras palabras, ser partícipe significa "tener parte" o "ser parte de" o "ser considerado para participar en algo". Ese algo, en nuestro caso, es la vida. 

No pretendo explicar qué es la vida, porque es algo tan general y tan extenso que solemos hablar de la vida personal, familiar, profesional, académica, sexual, física, espiritual, etc. Sin embargo, aún cuando el significado de la vida pueda ser tan amplio, podemos decir que "ser partícipe de la vida" significa: ser parte de la vida o, al menos, ser considerado como parte en esa vida (profesional, personal, espiritual...)

Obviamente, tiene que existir una diferencia entre ser partícipe de la vida profesional o de la vida espiritual y así entre cada una de ellas. En la vida profesional, por ejemplo, los compañeros de trabajo participan y son parte vital de nuestro desarrollo laboral (también deberían serlo los jefes, pero la experiencia nos demuestra que no siempre es así). En la vida espiritual, tu  director espiritual es una persona clave. En la vida académica, tus profesores... y así podemos ir sucesivamente.

No obstante, hay personas que son partícipes de la vida en varios ámbitos, por ejemplo, nuestros padres son partícipes de la vida familiar, escolar, personal... Nuestros amigos, por otro lado, son partícipes de nuestra vida personal, profesional, deportiva, etc. 

Esto último, nos obliga a ver un doble aspecto del ser partícipe de algo. Se puede ser partícipe en algo, porque:
 1) se tiene derecho a participar de algo, o bien, 
 2) porque alguien, libremente, nos permite (nos ha regalado la oportunidad) de participar en su vida.

En el primer caso, siendo niños nuestros padres tienen derecho a participar de mi vida académica en tanto que son mis padres, pero también en tanto que ellos me han pagado los estudios.
En el segundo caso, Alan me ha hecho partícipe de su boda porque él, libremente, me ha invitado a ser parte de ese momento tan especial para él.

Pero también es cierto que hay personas que, teniendo el derecho a participar en la vida, no ejercen ese derecho. Por ejemplo, la esposa que teniendo derecho a que su marido pase tiempo con ella, deja que éste se vaya con sus amigos a jugar cartas. Asimismo, hay personas a quienes no les damos el derecho a ser partícipes de ciertos ámbitos en nuestra vida y que se sienten con el derecho a ser partícipes de ellos. Por ejemplo, aquellos amigos del trabajo que se enojan con nosotros porque no los invitamos al cine.

Conforme uno tiene más conciencia de sí mismo, de su autonomía y su libertad, vamos permitiendo que otros forme parte no sólo de un tipo de vida, sino de varios. Por esta razón, el compañero de trabajo que no está interesado en compartir tiempo con nosotros difícilmente lo haremos partícipe de nuestra vida personal.

En cambio, en el caso de las parejas, conforme crece el tiempo que comparten, la confianza, los intereses y el amor entre ellos, es más fácil hacer que cada uno, libremente, sea partícipe de la vida del otro.


¿Qué entiende miguel por "ser partícipe en la vida"?

Por principio de cuentas, para mí la frase está incompleta, porque tendría que decir: "Ser partícipe en la vida de alguien". Pues desde mi humilde opinión sólo tiene sentido hablar de "ser parte en la vida de otra persona."

En otra ocasión escribí que no dejaba entrar a las personas tan fácil a mi vida y que usaba máscaras pues no quería que me lastimaran. Sin embargo, me pasó lo contrario. Mientras menos dejaba que otros fueran partícipes en mi vida, más triste y solo me sentía. Puedo decir que me sentía amargado, me enojaba de todo, me sentía incomprendido. Pero, ¡cómo no iba a estarlo! Si no dejaba que me ayudaran, si no pedía ayuda, si pensaba que yo solo podía resolver mis problemas. Fue una época difícil.

El proceso de cambio fue difícil, largo, complicado. Ahora después de varios años, me siento mejor. Sigo siendo reservado con algunos aspectos de mi vida, pero hay otros más que son accesibles a muchos otros.

Hace poco más de un año conocí a una persona que ha cambiado mi vida. Con ella he pasado momentos muy buenos, algunos no tanto y, por su puesto, también momentos tristes. Con ella no me siento obligado a ocultar nada. Por el contrario, quiero contarle todo de mí, quiero que se entristezca y se alegre por las mismas cosas que yo. Quiero que sea partícipe de mi vida no sólo en algunos ámbitos, sino en todos. Soy dichoso porque ella me ha permitido ser partícipe de su vida, porque me ha dejado conocerla, porque he aprendido de ella y porque me ha hecho mejor persona. Soy un afortunado porque me dedica tiempo, porque puedo quedarme embobado mientras me ve con sus hermosos ojos y con su sonrisa , porque me escucha y es paciente conmigo.

Quizá ha pasado poco tiempo, pero no saben cómo deseo que ella me deje ser partícipe en otros ámbitos de su vida. El tiempo y, sobre todo, ella, dirán si soy merecedor a tal derecho.





viernes, 26 de octubre de 2012

No dejes de escribirme

No dejes de escribirme.

Mike, deja de hacer lo que estás haciendo. Agarra tus cosas y ¡córrele porque se nos va el tren! Fernando y Luis me estaban correteando. Ya era tarde y yo no podía dejar de escribir. Partíamos hacia Filipinas y ya estábamos un poco retrasados. Me levanté del suelo y mientras lo hacía todas las hojas en las que había escrito se cayeron... Un amable señora levantó algunos de esos papeles y con una sonrisa me los entregó. Sentí pena porque ella fue más rápida que yo para inclinarse, sólo pude agradecerle. No pude recuperar todos los fragmentos de aquella carta... Aunque esta no era la carta inicial, creo que los fragmentos recuperados cuentan una historia que merece ser contada. Una historia extraña, pero creo que algunos se sentirán identificados.

Recuerdo con dolor las últimas palabras y sólo puedo pensar que la vida quiere hacerme una mala jugada. De momento no supe qué hacer ni qué decir, parece que no hablaba contigo. 

No me dejes solo y menos si estoy tan lejos. 

Parecía que hablabas con un extraño y que me desconocías. Pareciera que el tiempo que hemos pasado juntos no hubiera valido la pena. Como si lo poco o mucho que hemos compartido se hubiera ido al caño. 

Ahora parto hacia un lugar lejano. Asia, el Pacífico, islas y bellas playas, pero no tiene sentido. 

No tengo lo que más quisiera en estos momentos... 

Tú. Te quiero a ti. Pero estás y no estás. 

Estás porque me sigues escribiendo y porque tengo la esperanza de que sea porque me quieres más allá de nuestra amistad, pero también pienso... 

(y vuelvo a pensar) que...

me escribes porque te sientes obligada. 

Sé que no te gusta eso de mí... que piense. Pero cómo dejar de hacerlo. 

....ahora que empiezo a sentir y a darle cabida al sentimiento, me vuelvo a quedar como antes, sin nadie a quién querer, sin nadie con quien querer... 

Tengo amigos y algunos "amigos"... 

Claro que me interesa tener amigos y a todos ellos los quiero, pero a ti no te quiero como amiga, 

más aún... 

no puedo verte como amiga. 




No quiero verte como amiga. 

Pero al mismo tiempo no estás, te siento distante y sé que tienes algo, no sé que sea. 

Ojalá pudiera ayudarte, ojalá pudieras confiar más en mí. Ojalá pudiera convencerte de que lo nuestro vale la pena. Ojalá la próxima vez que nos veamos sea para arreglar las cosas y no para acabarlas. 


Tengo miedo. Tengo miedo de que dejes de escribirme. No dejes de hacerlo. 

martes, 3 de julio de 2012

Regresando a las bases


La intención de este blog ha sido mi catarsis "espiritual". En algún momento señalé que veía a a la escritura como una catarsis. Aunque me sigue ayudando, no creo que me esté auxiliando como antes. Ahora encuentro cada vez más difícil escribir. Tengo un revoltijo en la cabeza y, aunque suene cursi, en el corazón. Estos días he estado pidiendo por ella, aun cuando no quisiera que dichas peticiones se hicieran realidad. Por el momento ella está, aparentemente, cerca de mí, pero si Dios me escucha, ella se irá de mi lado.


Qué doloroso es ver que aquella a quien amas, cambie la faz de su cara. Cómo su sonrisa desaparece de su rostro y notas tristeza y amargura en su mirada.


Me duele. Sigo roto. Seguiré engañandome, creo. Volveré a llenarme de actividades. Me refugiaré en el anime, los libros, la televisión, el blog, las fiestas, el gimnasio... Ocuparé todo mi tiempo. Me cansaré y no me daré tiempo para pensar en ella.


¿La he perdido? Yo pensé que sí, pero parece que no del todo. Creo que mañana me aseguraré.

Al final me decidí a publicar este post

Estoy solo. Rodeado de gente que me estima y me quiere, pero yo me siento solo. Otra vez. Sí, otra vez quiero ponerme a llorar. Quizá busque consuelo, no lo sé. Quizá sólo me baste ausentarme un momento del mundo. Sí, ausentarme, por un breve lapso. Sólo pido eso, no más. ¿Para qué? Para no sentir que desperdicio mi vida... para no sentir que aún no encuentro por qué vivir. No hay nada que me apasione. Nada. En las lecturas encuentro un buen refugio. ¿Qué hacer? ¿Qué quiero de mi vida? ¿Qué quiero disfrutar? ¿Los amigos? Estoy en esa etapa donde (y me disculpo con ellos, en verdad) los siento como una carga. Nada me emociona, nada me pone alegre. Nada me entusiasma. Bueno sí, hay algo que me entusiasma, la vida errante de un vagabundo. Pasar los días que me resten de vida sin una preocupación fija como: mantener un empleo para pagar tus deudas. ¿Deudas? ¿En verdad ya no disfruto nada? Me siento descorazonado. Vacío. Engañado. ¿Qué hago? ¿Rezar? Lo he intentado y no pasa nada (quizá no he sido paciente). ¡Ya sé, ya sé qué otra cosa me entusiasma! No preocuparme de nada y viajar... Oh, ingenuidad. Permanecer viendo las nubes. Sí, estar recostado en el pasto y ver las nubes. Disfrutar de mi soledad. Estar solo. ¿Será que eso es lo que quiero? Estar solo y no ser molestado por nada. He perdido a un gran conversador, a un amigo que, al igual que yo, creo que se siente solo. Ojalá me equivoque. Ya ni escribir se me antoja. No me interesa mi trabajo. No me gusta. No quiero hacerlo. El problema es que no quiero hacer nada. Sólo descansar. No quiero salir. Quiero una vida fácil. Falsa esperanza. Pero ¿por qué la veo como plausible?


Me siento desperdiciado. Ojalá nunca publique este post. No sé que lleguen a pensar. Si llego a hacerlo, pediría sinceridad en sus comentarios.

Esperanza, mi abuela

Mis catarsis dependen mucho del tiempo o de la compañía que tenga. En esta ocasión el tiempo me sobra. He tratado de reflexionar sobre muchas cosas en estas horas, desde mi primer año en el MBA, las amistades que que he empezado a sembrar, el trabajo de verano que estoy a punto de iniciar el tiempo que dejaré de ver a las personas que quiero, mi primera cita con E. Pero también pienso en el fallecimiento de mi abuela Esperanza.
Ella, al igual que el resto de mis tíos, tenía tres nombres: María Aurora Esperanza. Por algunas confusiones administrativas en el Registro Civil, mis tíos y mi papá tiene el apellido materno de mi abuela (Romero), en lugar del paterno (Sandoval). Aunque jurídicamente podría ponerse en duda el parentesco de mi abuela, eso no puede hacerse ni genética ni moralmente. Tanto en el rostro como en las actitudes o el carácter de sus hijos, nietos y bisnietos se reconoce la herencia y el ejemplo de vida que fue "Pelancho" para nosotros.
Como toda mujer mexicana su primera preocupación siempre fue su familia. Siempre callada, pero siempre preocupada por sus hijos. Humilde, abnegada, sencilla. Preocupada por atender a sus hijos cuando la visitaban: "Anden, hijos, coman", decía, aunque ella no hubiera desayunado. A pesar de que la mayor parte del tiempo la veía seria, también recuerdo su risa y su sonrisa. No obstante su edad, también rememoro que nunca dejó de ser "coqueta": tenía el cabello largo y siempre se peinaba de trenzas. No olvido lo paciente que era con sus nietos cuando éstos hacían travesuras. Tan paciente era que su palabra más grosera era: "cabresto". Le molestaba escuchar groserías, es más cuando alguien las escuchaba mi abuela lo reconvenía: "Ora, tú, has de pensar que caes diciendo tanta peladez". También recuerdo que solía repetir la última oración que había dicho mientras conversaba. En mi infancia recuerdo que pasaba algunas temporadas en nuestra casa.
Creo que llegué a quererla más que a mis otras abuelas porque nunca me dio mal ejemplo,nunca perdió la paciencia ni la escuche gritando o hablando mal de la gente. Procuraba rezar diario e ir a misa los domingos. La admiro y la respeto porque a pesar de su condición en los últimos meses, siempre trató de ser autosuficiente (nadie la cuidaba), y le preocupaba incomodar a los demás por su estado.
Abuela, como un sencillo e insignificante homenaje, sólo quiero agradecerte por ser quien fuiste. Por enseñarme a ser un hombre sencillo, agradecido y servicial, pero, sobre todo, por mostrarme que el mejor regalo que puedes dar a la vida es tener una familia enorme y aún más importante una familia unida. Me enorgullezco de pertenecer a esa familia. 

Muchas gracias, Abuelita.

domingo, 22 de enero de 2012

Noticias inesperadas

He recibido una noticia que me ha dejado frío. Mi abuela ha empezado a llamar a sus hijos, pues, según me dijeron, parece que se quiere "despedir". Encontré a mi madre llorando y no he podido consolarla. No quise hacerlo. Espero que sea una falsa alarma, pues deseo que mi abuela nos siga "dando lata". Quisiera pedirle otra vez que me dé un beso y que, sin dudarlo, lo haga. Y que, una vez me lo haya dado, me diga: "¿No quieres otro?"
Hace poco estuvo con nosotros y me duele reconocer que ya no está bien. Divaga mucho, habla de personas que conoció en su juventud y que ya murieron. Confunde fechas, personas, lugares... Aunque me reconoce como su nieto, no recuerda mi nombre. La verdad es que no me importa. Me basta con saber que soy su nieto y que Guadalupe Valdés es mi abuela.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Encuentros y despedidas...

La ví y su belleza me sorprendió. Su cara mostraba a una niña, pero también estaba ese aire intelectual en su mirada y su sonrisa me dejó perplejo. Aunque el rostro es lo primero que miro en una chica, he de resaltar que las piernas de esta mujer son hermosas. Si bien pertenecía a nuestro linaje y mis compañeros la incluían en el grupo nunca me animé a saludarla.
La ví otras ocasiones y noté la gracia en su actuar. Una tarde, cuando la lluvía empezaba a arreciar, la ví "luchar" con su paraguas para taparse mientras cargaba sus libros. Muchas otras veces la ví, pero nunca pude comer o platicar con ella. No quería abordarla de modo brusco, pues no sabía cómo ni con qué pretexto hacerlo, de manera que pedí a un amigo que le hablara sobre mí. Lo hizo, y no me enteré.
Hoy, por fin, después de mucho tiempo se sentó en mi mesa y me fusiló cuando dijo que era su último día en el instituto. Me sentí mal y tuve que improvisar. Le pedí a una amiga que nos presentara y cuando se enteró quién era yo dijo: ¡A ti te he estado buscando!" Su comentario me dejó helado. ¿Por qué razón una niña que no conocía me buscaba? Me dijo R le había hablado de mí y que desde hace mucho quería platicar conmigo. Sentí un poco de enojo conmigo. ¡Demonios, hace cuánto que R le había hablado de mí! Ese día platicamos cerca de media hora, nunca más volvimos a platicar. Ella dejó el instituto y aunque tengo modo de comunicarme con ella, no he tenido ganas de hacerlo. En dos ocasiones traté de hablar con ella, pero me confundió con otra persona. No sé si algún día vuelva a verla, pero tampoco sé si yo quiera.

sábado, 29 de agosto de 2009

Creando historias

La noche de producción literaria fue intensa... Primero la lista y luego las historias...

Cortázar, naco, rock, sí, adentro, con, whisky, elegante, lago, frío, Norte, Sur de México, Europa, Sudáfrica, izquierd, pierna, clavel, japonesa, azul, arriba, paz, tiento, luna, pimienta, francés Nietzsche, capitalismo, gigantes, Roma, rana, free lance, pluma, PC, letras, jefe, seguidor, círculo, aire, volar, aceite de oliva, Batman, Dr. Lecter, obscura, Tatto, Kleenex, falda, descalzo, casa, panda, camello, tanto, cuento, TV, boobs, familia, parto natural, playa, hamaca, salado, NY, frijoles, spaghetti, helado, inglesa, jalapeño, tequila, coca, Cinemex, casada, bebito, tabaco, cáncer, cine.

I.
¿Qué hace una rana en Roma? Este trabajo de free lance, con pluma en mano y una PC llena de letras no complace a mi jefe. Me he vuelto sólo un seguidor en este círculo de aire. Ganas de escapar, de volar en una galaxia de aceite de oliva. Ni Batman ni Dr. Lecter podrán alcanzarme.

II.
Cortázar dijo, sí, el rock es algo naco. Pasó adentro de la casa con un whisky en la mano. Vestía elegante para estar cerca de un lago. Hacía frío. Raro porque el Sur de México siempre es más cálido que el Norte. Cortázar se sentó y mientras movía su pierna izquierda decidía si su personaje, la japonesa, la del clavel azul, estudiaría francés en Europa o lucharía por la paz en Sudáfrica.




Cadáver exquisito. Primer intento

Agradezco a la Dra. Ana Paula por su invitación para escribir juntos este ejercicio literario.

Hoy es un día especial... feria de sentimientos en constante
lucha, pero habrá tranquilidad después de la tormenta mi
vida será otra, diferente, como si pudiera tener otra vida
la de un caballero, un mago o un bufón... cómo saber. Sólo
existe una manera, la más cruel, la más simple y terrible de todas
la verdad, la simple y llana verdad. Pero no... las estrellas
apuntaban en otra dirección mientras las miradas se cruzaban
y los cuerpos se acercaban y se alejaban, arriba y abajo.
Sí y no, saber y no; pretender que no pasa nada, y saber que
no puede dejar de pasar algo ¿bueno o malo? el azar, la
suerte, el destino queda totalmente a nuestra disposición
pero también la soledad. Grande, inmensa, insoportable soledad.
De pronto fue como si pudiera ver que una nueva posibilidad
aparecía.

Cadáver exquisito. Segundo intento

Como no nos convenció el primer intento, preferimos hacer una segunda prueba...

Si a ustedes les quedó, ¿quién soy yo para dudarlo? Está bien
la lluvia es algo tan tranquilizante
Pero no... no puede ser, no lo merezco, yo quiero algo como
la lucha es el motor de la humanidad. Guerra y paz
Fue como si de pronto todo cobrara fuerza propia. Una especie de
el frío de la casa acogió a la pequeña que huía de la lluvia
Pero llégó un momento en que ya no pude más, mis fuerzas
Tremendo, alucinante, el delirio de los atromentados por el deseo
Mi cabeza da vueltas, explota, y no entiendo más, sólo que
las palabras se amontonan en mi mente. No sé que ni cómo explicarlo.
Respira, relájate, calma. Habrá una salida, una posibilidad.
El final siempre ha de ser inesperado. La noche de hoy nunca pasó.

lunes, 8 de junio de 2009

Au règime!

Estoy de nuevo a dieta y la razón de que lo haga sí es la vanidad. Es cierto, fui operado de la rodilla y el sobrepeso agrava mi condición y, si a eso agrego que aún juego futbol, peor. Sin embargo, ayer me encontré un texto de Alfonso Reyes:

"Dicen que el arte de la mesa está llamado a desaparecer. Más bien creo que nuestra capacidad de comer y nuestro apetito evolucionan, y cada época trae nuevas necesidades y nuevos gustos. Los hábitos de ayer nos resultan ya primitivos, en esto como en tantos órdenes, y hasta en el vestido, la habitación y el trazo mismo de las ciudades. Hoy los imperativos higiénicos se abren paso, como las indiscreciones de la eugenesia, mezclado todo ello con los nobilísimos empeños estéticos, el afán de esbeltez —que ya preocupó a los cretenses de la era minoica, muchos siglos antes de Grecia— y el deseo de preservar la línea vertical, privilegio del tipo humano. Ya el Sumo Pontífice Brillat-Savarin, que empieza a no ser contemporáneo, se permite algunas disertaciones sobre el engordar, el enmagrecer y la plástica de la especie.

El hombre, hoy por hoy, casi no anda a pie, y trabaja con sus músculos mucho menos que en otros tiempos. Su régimen de calorías se ha modificado sensiblemente, sin ir muy lejos, en los últimos cincuenta años. La dietética es manía general: todos dan avisos y recetas, recomiendan fórmulas, ejercicios respiratorios y, sobre todo, abstinencia y ascetismo. "¿Quién come y bebe hoy en día?", he hecho decir a mi Cocinera en la Minuta. ¿Quién no se ha detenido a considerar un instante, con tanto respeto como pavor, aquel régimen gigantesco y propiamente rabelesiano de los abuelos? Medio lechoncillo por barba y una botella por cabeza eran cosa que a nadie espantaba antes de la era del automóvil. Nadie resistiría hoy una "tamalada" mexicana en toda su tradicional opulencia." (Descanso V)
El texto de Reyes me ha puesto a pensar si realmente quiero dejar de comer a la vieja usanza. No obstante, siempre he tenido el prurito del ejercicio y hasta que éste no me abandone, seguiré haciendo dieta.


domingo, 29 de marzo de 2009

Despedidas

Cuando conozco a alguien procuro no mostrarme directamente tal cual soy. Me gusta el misterio. Prefiero mostrar máscaras momentáneas hasta estar seguro de que el otro se ha quitado las suyas (aunque he comprobado que muchos no usan). La razón (pretexto) que tengo para hacer esto es que la amistad no se construye (madura/crece) en poco tiempo.
Ahora estoy en una situación que se ha repetido a lo largo de mi precario existir. Este momento me ha hecho pensar, reflexionar e, incluso, llorar.
En mi vida han aparecido muchas personas a las que quisiera tratar más, a las que quisiera conocer y de las cuales quisiera hacer mis mejores amigos, pero las circunstancias lo han impedido (cambio de residencia, trabajo, etcétera). Entonces, ¿qué hacer? No sé. Creo que el problema es mío, por no ser diáfano desde el inicio. Por querer ser amigo de todas las personas que conozco...

*************

Estas líneas las escribí hace mucho tiempo, cuando las salidas y pérdidas temporales de compañeros y amigos eran una constante en mi trabajo y la escuela. He cambiado. Ahora trato de ser más claro desde el inicio y de ofrecer mi amistad desde el inicio y no pienso dejar de hacerlo aún cuando haya personas que no me crean...

jueves, 12 de marzo de 2009

Nubes negras

Desde hace tiempo he formulado una teoría. Cuando alguien bueno muere, el cielo se pone gris y, la mayoría de las veces, llueve. El cambio de clima es radical: hoy era un día soleado y de pronto, hubo truenos, el cielo se puso gris y empezó a caer una ligera llovizna. Sobra decir que murió alguien. Se trata de la mamá de una amiga. Nunca la conocí, pero fue una buena persona.

Recuerdo que algo similar pasó cuando murió mi abuelo Pablo. Él murió en Guanajuato. (Ahora que lo pienso, murió como Tomás de Aquino: se cayó de una burra). Si bien mi abuelo no fue un hombre letrado (no aprendió a leer ni a escribir) sacó adelante a una familia numerosa y, podría decir, que fue una gran persona. El día de su muerte, mi hermano y yo no fuimos a Guanajuato, pero recuerdo una lluvia torrencial. (Mis padres también me contaron de un aguacero en Penjamo). Quiero advertir que en mi teoría, la intensidad de la lluvia tiene poco que ver con el grado de bondad de la persona fallecida. La teoría no es tan elaborada.

A mí me gusta ver llover. Demasiado. También siento mucho las pérdidas, en especial, cuando se trata de gente muy cercana a mí. En este caso, la muerte de la señora Ruiz, me duele, sobre todo, por el dolor de su hija. Rocío espera a su tercer bebé y la abuela estaba muy contenta y, de hecho, planeaba un baby shower.

Empecá a escribir este post para recordar este suceso que, seguramente, marcará la vida de muchas personas, entre ellas Daniela.

martes, 17 de febrero de 2009

¿Valdrá la pena seguir escribiendo?

¿Por qué para algunos es tan fácil escribir? A mí me cuesta muchísimo. Quizá sea porque no tengo claras mis ideas, quizá porque no tengo nada que decir o, peor aún, tengo mucho que decir, pero no sé cómo hacerlo.
A la memoria me vienen dos filósofos: Heráclito y Tomás de Aquino. Recuerdo al Obscuro de Éfeso porque sus sentencias eran difíciles de desentrañar y porque en algún momento me propusé escribir como él. Del Aquinate recuerdo, en cambio, la anécdota de su apodo: "el buey mudo" y, en especial, lo que dijo Alberto Magno: “Lo llamáis buey mudo, pero os digo que su mugido resonará en el mundo entero”. En otro momento he tratado de permanecer callado, a veces por mucho tiempo, pero no creo que mi mugido resuene siquiera en mi oficina.
No sé si valga la pena seguir escribiendo, pero lo que sí tengo claro es que no quierdo dejar de hacerlo, aunque me cueste.

martes, 14 de octubre de 2008

Viajes existenciales 1

Recién he escuchado una plática sobre el amor humano. Me ha dejado perplejo. No deja de sorprenderme que, sobre el amor, sé muy poco. Casi nada. He estudiado mucho en los libros al respecto, pero mi vivencia ha sido prácticamente nula. Durante la charla entiendo perfectamente las «fases» del amor humano y cómo debiera vivirse cada una de ellas, las dificultades que se atraviesan e, incluso, medio entiendo cómo funciona la psicología humana. Sin embargo, cuando escucho al público (varios de ellos viviendo su noviazgo, otros, casados y algunos en ese proceso de decisión), me siento inexperto porque no lo he vivido.

Ahora que lo medito, creo que no he avanzado mucho al respecto. Reafirmo la teoría, pero la “práctica”, ¿cuándo? Sólo me repito: “Algún día, m, algún día…”. No busco consuelo, comprensión o alivio. Me molesta sonar o parecer un "alma atormentada". (He de reconocer que a veces actúo así, pero, ese no es el caso).

Al igual que Benedetti, considero que el amor es cosa seria. El problema es que, cuando soy serio, suelo ser muy racional. Busco certezas, conocimientos que me den garantías, seguridad… aunque sé que el amor no es así. El amor ocurre entre dos sujetos libres y, por tanto, no se puede exigir. y, en la medida en que no se puede exigir, es difícil garantizar que alguien ame o quiera a alguien: ¿cómo saber si mi amada realmente me ama?, más aún, ¿cómo le garantizo a ella que realmente la amo? Lo más sensato sería responder: amándonos. Pero, ¿acaso esto no es una petición de principio?
Sigo siendo racional.

Quisiera pensar que la respuesta no es ni una petición de principio ni siquiera una paradoja. Amar es un verbo transitivo, dicen. Una acción que pasa y se transfiere de uno a otro. El amor, sobre todo, el amor de pareja, debe ser una acción recíproca.
Pero, podría preguntarse alguno, ¿por qué te preocupa tanto que alguien te demuestre su amor? El amor es desinteresado. Lo sé, incluso he llegado a decirlo abiertamente: no puedes amar esperando recibir algo a cambio. Pero creo que esta idea es romántica, pues ¿quién es tan ingenuo para entregarse todo él (ella), sin esperar nada a cambio? Somos humanos, necesitamos saber (estar seguros) que alguien nos ama. Necesitamos esa reciprocidad. Pero, ¿qué hacer si no existe? Nada. Lo mejor es retirarse. El proceso de aceptación es doloroso. A veces, demasiado.
(Ahora que lo releo, estoy un poco asqueado de tanto que aparece el verbo amar)

lunes, 6 de octubre de 2008

Tengo rodilla, no tengo rodilla

Je. En el blog no suelo hablar de lo que me pasa en mi vida personal, pero ésta es una ocasión especial. Al menos así lo considero. El viernes pasado me operaron de la rodilla. No quería. Tenía miedo. Con uno de mis amigos hacía bromas (quizá pesadas para algunos) como: pensar que me cortarían la pierna, que quedaría paralítico o que moriría. De hecho, ese mismo amigo ya estaba apartándose mi disco duro, pues ahí tengo respaldada toda mi música. Aunque a mí me preocupaba más el paradero de mi "breve" biblioteca.

La programación de la cirugía tuve que decidirla en dos minutos, el jueves antes de mi operación. Fue extraño. A todo el mundo le decía que quería operarme cuanto antes, que quizá el viernes o el lunes, pero, cuando la doctora me dijo que sólo bastaba mi aprobación para reservar el quirófano, sude frío. Quedé paralizado por un momento. Fue difícil. Fue un momento verdaderamente existencial, es decir, lo viví. Tuve conciencia de mi ser, de mi vida. Aceptar la cirugía implicaba una responsabilidad enorme. Es uno de esos momentos en los que realmente comprometes contigo mismo. (jeje, recuerden que soy algo exagerado)

Los exámenes pre-operatorios y la entrada al quirófano me esperaban. Todo iba normal hasta que me pusieron el oxígeno. En ese momento sentí realmente que sería operado. De fondo escuchaba "duranguense" y después "salsa". Luego, uno por uno entró el sequito de doctores que me intervendrían.

Lo que más recordaré es cómo mi pierna quedó prácticamente inerte. Fue sorprendente ver que los doctores la manipulaban y yo no sentía nada. ¿Aristóteles diría que mi alma abandonó por dos horas mi pierna? ¿A dónde fue? Si se fue, ¡¡¿por qué regresó?!! Si no se fue, ¿se durmió? Luego de todo esta serie de preguntas, me siento más tomista que aristotélico. (Damn!!)

En fin... hasta aquí dejo este asunto...


Ah, eso sí, que dolorosas son las inyecciones que me recetaron...

lunes, 1 de septiembre de 2008

De por qué me enoja la pregunta ¿Cómo te ves en 10 años?

Desde hace algunos meses (por algunas circunstancias laborales), la pregunta por mi futuro me ha empezado a fastidar. No sé si es porque experimento la sensación de pesadumbre y monotonía (porque vivo al día) o porque no tengo una idea esbozada, al menos, de mi futuro. Lo más seguro es esto último.
Es más, quisiera saber si las personas que me hacen esa pregunta tienen claro qué responder ante ella. Seguramente varios tienen varios esbozos de qué hacer con su futuro, pero creo que todas esas ideas son sólo ensayos de buenas intenciones. Es más, ¿sirve de algo "verse en 10 años"? Muchos me dirán que sí, que sin un plan, es difícil avanzar, progresar o actuar. No lo dudo, es más, comparto esa misma idea. Tengo un plan, he puesto los medios para avanzar y "concretarlo", pero también es cierto que no vivimos solos y esos planes dependen de otras voluntades y de algunos caprichos del destino. Hay veces que tienes un plan y éste puede venirse abajo, porque alguno de tus padres se enfermó, porque hubo recorte de personal, porque te ofrecieron un mejor trabajo en otro país, etc.
Alguna vez platicando este asunto con un amigo, me decía que la pregunta es formulada con una intención distinta. Quién te plantea esa pregunta -me dijo- quiere saber si eres una persona que suele planear las cosas, que si estás compretido con algo o si te preocupa tener algún itinerario y que el contenido, suele importar poco. Si esto es cierto, ¿por qué no te preguntan otra cosa?

jueves, 28 de agosto de 2008

Esbozo de una filosofía del fútbol

Por: David González Ginocchio y Miguel A. Marcos G.
*Este texto fue leído por su servidor en un Coloquio de filosofía organizado por la facultad, mientras mi colega, Gino, recibía un premio literario.
"Todo lo que he aprendido de moral, lo he aprendido en un campo de fútbol"
Albert Camus


Introducción

Somos los últimos y no somos serios. Dejemos los academicismos y recordemos que esto es sólo un esbozo. Vamos a hablar aquí de filosofía y de fútbol. Vamos, en concreto, a analizar si cabe considerar al fútbol desde el punto de vista filosófico. En un primer momento veremos si esto es posible. Después, ahondaremos un poco en qué tipo de conocimiento cabe hacerse sobre el fútbol. Y de esto examinaremos dos cosas: 1) Si cabe considerar al fútbol como ciencia (esto es, como filosofía segunda) y 2) si cabe considerar al fútbol como arte. Descartamos de antemano la consideración del fútbol como un conocimiento sensible —cosa que parece que no es— y como un conocimiento de los principios últimos de la realidad en sentido propio.
Quizá hayan escuchado algunos la definición "manualística" de filosofía: cognitio rerum omnium per alttisimas causas sola rationes luminem comparata. Basándonos en esta definición, podemos afirmar que, si en efecto la filosofía busca -pretende, es una modesta palabra que suele usarse- conocer todas las casas, y el fútbol es una cosa, entonces la filosofía pretende también conocer el fútbol.
Si que ha sido usual, en la historia de la filosofía, reducir el ámbito, el conjunto de objetos susceptibles de una consideraci6n filosófica. Para algunos, la filosofía no ha sido más que un montón de palabras vanas, sin sentido. Sólo la ciencia puede hablar sobre la realidad.
Quizá algunos, después, se dieron cuenta de que sin una teoría filosófica de la ciencia, la misma ciencia no tendría sentido. Por lo demás, si sólo la ciencia puede hablar sobre la realidad, y el fútbol resultara no ser una ciencia, del fútbol no podrían hablar sino los comentaristas. El conocimiento que tenemos en México del fútbol estaría limitado, en la práctica, a las sabias y aladas palabras de José Ramón Fernández y Enrique Bermúdez (y algunos pocos más).
Pues mi colega y yo estamos en franco desacuerdo: en verdad nos parece que si puede llegarse a una consideración más profunda.
Haciendo un examen bastante superficial, podemos advertir alga de la complejidad del asunto:

(1) Primero, en el fútbol no hay media, no hay punto medio. Al fútbol se le ama o se le odia. Quien dice que es indiferente, a nuestro juicio, es porque no lo conoce bien. En nuestra misma facultad, sin ir más lejos, tenemos ejemplos de ambas actitudes en algunos profesores.

(2) Segundo, el fútbol es un lugar común de la amistad. ¡Cuántas amistades no han surgido entrelazadas a él, como las enredaderas al árbol (el fútbol es el árbol que cobija buena sombra a quien se le arrima)! En él se comparten alegrías, que robustecen la amistad; tristezas y derrotas, que la ponen a prueba y la refuerzan; alcohol, que desinhibe las lenguas y las mentes...

(3) Y en tercer lugar —también en una consideración jerárquica— el fútbol es un punto clave en la economía mundial. Las transferencias de jugadores, las marcas, la publicidad... los grandes fútbolistas se cuentan entre los hombres mejor pagados del mundo.
Estos tres puntos son solo una muestra pequeña, si bien significativa, de la relevancia del fútbol. Se ve que, si alguien conoce bien al fútbol, no puede ser tan indiferente a él.

Se ha afirmado que ordenar es tarea propia del sabio. Nos atrevemos a extender esta afirmación: ordenar es tarea propia del aspirante a sabio, del amante de la sabiduría. Y ordenar implica dar a cada cosa el lugar que le corresponde. Nosotros partimos de una intuición, que hemos tratado de transmitirles, a saber, que al fútbol si que le corresponde un lugar en el ámbito del saber filosófico. Qué clase de saber sea ese y, por ende, cuál sea el lugar propio del fútbol es lo que procuramos investigar.

Ante todo, conviene decir que no todo saber es de la misma clase. Existe el saber propio de la opinión, el de los ancianos (al que aludimos en eso de «más sabe el diablo por viejo...»), el de los científicos, el de los artistas... En la Apología de Socrates, el Acusado, hijo de Sofronisco, nos relata una búsqueda de una sabiduría que él ha indagado, y cuál sea ella. Se lee en el trazo de la magistral pluma de Aristocles, en 20d: «...yo no he adquirido renombre por otra razón que por cierta sabiduría. ¿Qué sabiduría es esa? La que, tal vez, es propia del hombre; pues en realidad es probable que yo sea sabio respecto a esta.» Después, Sócrates hablará de la sabiduría que el hombre puede alcanzar, de la docta ignorancia... Vamos a revisar ahora esa búsqueda que Sócrates realiza, la búsqueda del filósofo. Sócrates en realidad quería refutar al oráculo; su intención es decirle (21c): «Este es más sabio que yo y tú decías que lo era yo.» Pero a nosotros no nos interesa ahora el fin de la búsqueda de Sócrates, sino la búsqueda misma.

¿En qué interesa la búsqueda? Si viene a cuento ahora, es porque en ella Sócrates nos muestra que no toda sabiduría es del mismo tipo. Vale decir, hay distintas clases de conocimientos, de gnosis. Sócrates distingue primero el conocimiento de los políticos —que es a quienes primero se dirige—; en rigor, de este político y muchos otros dice Sócrates que creía el mismo [que era sabio], pero que no lo era.

Después de hablarnos de que un arte es el de la política, y parece ser ésta el arte de gobemar —que, por cierto, para Platón parece ser una actividad eminentemente del filosofo—, Platón nos habla de otro tipo de conocimiento. Dejémoslo hablar (dice en 22b): «Tras los políticos me encamine a los poetas, los de tragedias, los de ditirambos y los demás, en la idea de que allí me encontraría manifiestamente mas ignorante que aquellos.» (Después, sin embargo, dirá Platón que «los poetas... no hacían por sabiduría lo que hacían, sino por ciertos dotes naturales y en estado de inspiración como los adivinos y los que recitan en los oráculos.» En el Ion, Platón reafirmará y abundará más en esta idea; pero nosotros no la compartimos, y sostenemos que la texne, la poiesis sí es un tipo de conocimiento.)
De un último tipo de saber, de conocimiento, nos habla Sócrates. Y éste es el saber obrar.
Dice Sócrates en 22c-d: «En último lugar, me encamine hacia los artesanos. Era consciente de que yo, por así decirlo, no sabía nada, en cambio estaba seguro de que encontraría a éstos con muchos y bellos conocimientos.» A juicio nuestro, tanto el saber de los poetas como el de los artesanos es un saber artístico, tejneico si se quiere. Hablaremos mas de esto poco más adelante.

Y si seguimos exprimiendo la Apología de Sócrates, esa obra maestra de la literatura, quizá podamos entresacar de las líneas algo de la sabiduría propia del filósofo. Quizá podamos descubrir, o al menos atisbar, cuál es la sabiduría propia del filosofo, que Sócrates parece personificar. Dejamos que hable una de las grandes cabezas de la historia de la filosofía, Platón: «Y parece que éste [el dios de Delfos] habla de Sócrates —se sirve de mi nombre poniéndome como ejemplo, como si dijera: “Es el más sabio el que, de entre vosotros, hombres, conoce, como Sócrates, que en verdad es digno de nada respecto a la sabiduría”.» Parece que puede otearse, barruntarse, alga del saber propio del filósofo. Pero hasta aquí Platón.

Aristóteles, en el primero de los libros de su proté philosophía, ahonda un poco más en estos mares. En Metafisica I, 1, habla del conocimiento sensible, la aisthesis: del conocimiento por experiencia, la empeiria; del conocimiento del artista, texné; de la ciencia, epistéme; y la sofía.

¿Qué clase de conocimiento es el fútbol? ¿Es un conocimiento sensible? No parece serlo. ¿Es un conocimiento de experiencia? Sin duda la implica, como la implican el arte, la ciencia y la sabiduría. Porque «la ciencia y el arte llegan a los hombres a través de la experiencia. Pues la experiencia hizo el arte, como dijo Polo, y la inexperiencia el azar.» Esto se lee en la Metafisica I, 1. Pero el fútbol no parece ser un conocimiento meramente de experiencia, un conocimiento meramente empeirético.

Vamos a tratar de dar vueltas a estas ideas generales.

I. ¿Es ciencia el fútbol?

Ni de broma. No lo es. Quien así lo afirme, se equivoca rotundamente. Además, la onus probandi, la carga de la prueba, la tiene él. Para seguir con nuestra consideracion clásica hablemos algo de la filosofía de la ciencia en Aristóteles.

En opinión de Aristóteles, poseemos un conocimiento científico cuando conocemos de manera absoluta la causa par la que la cosa es lo que es, y al conocer que no es posible que sea de otra manera[1].(La definición de ciencia como conocimiento de las casas par sus causas es mas manualística que aristotélica.)

Se dan en las ciencias un genero-sujeto, unos principios a partir de los cuales se demuestra y lo demostrado. Estas demostraciones son, precisamente, lag afecciones del sujeto. «Si no hay algo demostrado (…) no hay ciencia demostrativa.»[2]

«Aristóteles sostuvo que el conocimiento científico, episteme, significa un avance más allá del conocimiento del puro hecho (to hóti) al conocimiento del “hecho razonado” (to dióti) (APo I.13 78a22-1.14 79a24, 1.33 89a15-22, 11.1 89b24-31) o la “razón por qué” (ta dia ti) más allá del hecho (II.2 90al-33, II.9 93b39)»[3].

En el conocimiento científico media la demostración como razonamiento científico; así, el conocimiento demostrativo se basa en casas primeras, verdaderas, inmediatas y más conocidas y causales respecto de la conclusión[4]. Esto es: partimos de lo más evidente para nosotros a lo menos evidente para nosotros, que es, par contraste, lo más evidente por naturaleza. Las demostraciones serán tales «cuando versen sabre las cosas que se dan en sí en el genera tratado»[5].

Ahora bien, en el fútbol, parece verse claro el genero-sujeto: el juego. Los principios también parecen ser evidentes: las reglas. Lo que no está tan claro es que en el fútbol se quiera demostrar algo, o conocer par causas, sabiendo que se conocen las causas en cuanto tales. En otras palabras: ¿qué rayos estudia un científico del fútbol? Es una pretensión interesante, pero no puede dársele al fútbol un carácter de ciencia. Mucho se ha concedido ya, y ahora es posible encontrarse con un elenco interminable de ciencias: la numismática, la mineralogía, la minería, la forestalogía, la criminología, la administración, el estudio del cine (que ha terminado en premios con estatuillas). Basta ya. El que un conocimiento no sea científico no implica que sea inútil.

Si quisiera, aún así, arriesgarse alguien a hablar de fútbol como ciencia, tendría que hacerlo por media de analogías. Esto es, tendría que analogar el tratamiento que dé al fútbol con el que corresponde a una ciencia. Por lo demás, nosotros le hemos hecho ya una advertencia. No nos hacemos responsables par los efectos de semejante intento.

Lo que importa en el fútbol es ganar, la competencia, la camaraderia... y el gol. (Y, por supuesto, el Mundial.) Pero en realidad, lo único que importa al comentarista, al jugador, al espectador, etc., es que el partido sea "grande". Que se juegue bien. Por ello el fútbol es arte.

Ahora mismo aclaramos esto.

II. El fútbol como arte


Obvia decirlo. Ni Aristóteles ni Platón ni Sócrates —ni ningún clásico griego— habla del fútbol. Aquí nos separamos, pues, un poco de ellos.

Aristóteles tenía la profunda convicción de que el ser y la verdad pueden ser buscados y alcanzados desde caminos muy distintos. Por esto mi colega y yo, nos hemos enfrascado en tratar de alcanzar una nueva verdad: el fútbol es un arte.

Podemos decir en general, que el hombre en la antigüedad cuando tenía satisfechas sus necesidades primarias, tenía tiempo libre, tiempo que utilizaba para filosofar, y ejemplo vivo de ello es Aristóteles, que tenía miles de esclavos (recibidos de su discípulo Alejandro Magno) y que, por tanto, no necesitaba preocuparse por saber qué comería, sino por él tó on y la proté philosophia. Actualmente, existen personas con tiempo libre: unos lo siguen utilizando para filosofar, otros para jugar fútbol y, otro más, para hablar de él.

Me parece que en nuestro caso, no perdemos el tiempo, pues lo que hacemos es hacer filosofía del fútbol, y el mismo Aristóteles justifica lo que estamos haciendo, porque, en general, para el estagirita el filosofar consiste en una reflexión sobre la operación por la cuál las cosas llegan a ser. Y dentro de las cosas que llegan a ser unas lo son por naturaleza, y otras por arte, y aquí es donde colocamos al fútbol.

Ahora bien, hay que decir que nosotros estamos entendiendo arte en el sentido griego, como texne, como un saber hacer, no un mero hacer sino un saber hacer bien. Y la texne se nos presenta como una actividad profundamente humana, puesto que involucra todas las potencialidades de cada hombre, y como la tecxne procede de la radicalidad del ser humano, necesariamente se ha de manifestar corpóreamente, y en algo concreto y particular, es decir originando un nuevo ente.

En el fútbol nos damos cuenta de que esto ocurre del mismo modo, pues quien produce este nuevo ergon: el fútbol, es el hombre, y lo manifiesta corpóreamente, desde el remate del delantero hasta el lance del portero, y en algo concreto y particular, el balón de fútbol.

Y dado el carácter de la razón poiética, podemos decir que el fútbol es inagotable e infinito en cuanto al modo de producirse, por ello podemos ver un juego espectacular como el brasileño, o un juego estratégico como el catenatio italiano, o un juego rústico y precario, aunque lleno de sabor e ilusiones, como el mexicano.

Y como en cada actividad humana lo imperante es la causa final. El fin que persigue el ser humano al jugar fútbol no es simplemente anotar goles. Nos parece que, dado el planteamiento aristotélico de que la forma vital es el principio último de los seres vivientes, (por ella vivimos, sentimos y razonamos) ella es el fin de nuestras operaciones, pero es un fin que no se expresa de manera inmediata como posesión o término porque no somos seres acabados.
De este modo, el alma es fin, pero se manifiesta como actividad de aquello que nos conduce al propio perfeccionamiento, y como el fin de todo ser vivo es la actividad; el fin en la vida de los seres naturales es el mismo ejercicio de aquello que los especifica; y dado que el fin es lo que unifica cada uno de los movimientos y operaciones, el fin de la vida consistirá en determinar la actividad y mantenerse en ella, y si lo especifico del ser humano es la racionalidad, entonces el fin ultimo de cada una de las operaciones y movimientos que a este competen será manifestar la vida por la racionalidad.

El fútbol como artificio es algo exclusivo y propio del ser humano y, por ende, resultado de la libertad, y en tanto que es libre, perfecciona el hacer humano. Por tal razón el fin del fútbol, y del arte en general, no puede reducirse a ser un mensaje, un placer o una mercancía (aunque de hecho este se esté dando), sino en algo extrínseco a la actividad: manifestar el ser. En este sentido el arte, y por tanto el fútbol, pues lo consideramos así, adquiere un estatuto metafísico.

Después de dar un argumento más a favor de que se puede hacer filosofía del fútbol, y bajo que perspectiva, pasaremos a analizar por qué podemos llamar al fútbol un arte. El fútbol puede ser considerado un arte, en el sentido griego, puesto que no se trata de patear un balón y anotar goles solamente, sino de patear una pelota bien, pues no es lo mismo hacer un despeje de meta que cobrar un tiro penal, pues si uno quisiera patear el balón como si se hiciera un despeje de meta al cobrar un tiro penal, seguramente éste se fallaría (me vienen a la memoria los tiros penales del mundial de USA '94).

Sin embargo, el fútbol no puede reducirse a la técnica que se tiene para golpear un balón, el fútbol va más allá, y me refiero en concreto al estilo de juego que manejan los equipos. Se menciona que hay equipos que juegan espectacularmente, otros que juegan practico, otros que juegan al contragolpe, etc. Pero, no nos detendremos en discutir que tipo de juego es mejor o cual es peor, pues sólo podemos decir que si ese estilo de juego permite manifestar la vida racionalmente, entonces es un arte, pues no hay que olvidar que el fútbol no puede consistir en un mero placer, y por tanto, estar en desacuerdo con estilo de juego porque no nos gusta es una posición valida, pues esta es una opini6n, y por ello subjetiva.

La doctora Virginia Aspe Armella en su libro El concepto de técnica, arte y producción en la filosofía de Aristóteles, menciona que el estagirita tienen un pasaje donde dice que la cocina es la primera de las artes, y el estagirita dice esto argumentando que, conforme se satisfacen las necesidades primarias y poco a poco se va estableciendo una abstracción sobre el alimento, la cocina se vuelve una manifestaci6n estética: apariencia, sabor y artificio. Ahora que, si esto lo trasladamos al fútbol, podemos notar que puede hacerse una nalogía, con la salvedad de que no sabríamos si es la segunda, o la última de las artes.

La analogía puede hacerse en el sentido de que así como se van satisfaciendo las necesidades primarias en el fútbol, que serían aprehender a patear el balón, el trabajo en conjunto, conocer las reglas, etc., puede empezarse una abstracción del juego mismo, hasta convertirlo en una manifestación estética, como es el control del partido, el modo de defender y de atacar, el modo en que se tiene que marcar...

Pero creemos que dentro del mismo juego se muestra artes particulares, y estos se manifiestan en cada una de las jugadas que realizan los jugadores, en particular las jugadas en que el cuerpo adopta posiciones que sólo algunos pueden realizar y que resultan novedosas, como la conocida "chilena", la "palomita", el "túnel", y los distintos lances que tiene un portero. Éstos movimientos no son sino la manifestaci6n de la vida, y que en tanto ejercicio de la libertad humana, manifiestan a su vez, la racionalidad humana, pues no los hacen por instinto, sino porque lo han pensado así.

No se ha querido, ni se ha podido agotar un estudio sobre la filosofía del fútbol, pero baste por el momento con lo que hemos dicho para que otros hablen.

[1] Cfr. Bk 71b 9-12 Estamos en Analitica Hýstera
[2] Morán, Jorge: Algunas consideraciones sobre el génos-hypokéimenon., p. 7
[3] Byrne, Patrick: Analysis and Science in Aristotle. Albany, N.Y: State University of New York Press, 1997, p. 81. La traducción es nuestra.
[4] Cfr. Bk. 71b 21-23
[5] Morán, Jorge: Op. Cit., p. 6